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miércoles, 14 de mayo de 2014

Dulce María Loynaz


Dulce María Loynaz, Premio Cervantes: “Una isla es un drama geográfico”.

Dulce María Loynaz Muñoz, La Habana, Cuba (diciembre 1902-abril 1997). Es una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. Ganadora del Premio Cervantes en el año 1992.

Criatura de isla

Rodeada de mar por todas partes,

soy isla asida al tallo de los vientos...
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme... Puedo, a veces,
morder mi cola en signo de Infinito.
Soy tierra desgajándome... Hay momentos
en que el agua me ciega y me acobarda,
en que el agua es la muerte donde floto...
Pero abierta a mareas y a ciclones,
hinco en el mar raíz roto.
Crezco del mar y muero de él... Me alzo
¡para volverme en nudos desatados...!
¡Me come un mar batido por las alas
de arcángeles sin cielo, naufragados!


La criatura de isla
La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
criatura distinta. Más leve, más sutil,
más sensitiva.

Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
deja un hueco en el viento; si es niño, juega
a veces con un petrel, con una nube...

La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
rodea y al que no la rodea.

Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
amansan en su pecho, duermen a su calor
como palomas.

Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir
volando...

Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
le estremece la yema de las alas...

Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
lo menos tierra de la Tierra.


La literatura convierte a las islas en un lugar exótico e hipnótico donde el más puro idealismo tiene cabida.

Los hombres y las islas - Pablo Neruda



Los hombres oceánicos despertaron, cantaban
las aguas en las islas, de piedra en piedra verde:
las doncellas textiles cruzaban el recinto
en que el fuego y la lluvia entrelazados
procreaban diademas y tambores.
La luna melanésica
fue una dura madrépora, las flores azufradas
venían del océano, las hijas
de la tierra temblaban como olas
en el viento nupcial de las palmeras
y entraron a la carne los arpones
persiguiendo las vidas de la espuma.

Canoas balanceadas en el día desierto,
desde las islas como puntos de polen hacia
la metálica masa de América nocturna:
diminutas estrellas sin nombre, perfumadas
como manantiales secretos, rebosantes
de plumas y corales, cuando
los ojos oceánicos descubrieron la altura
sombría de la costa del cobre, la escarpada
torre de nieve, y los hombres de arcilla
vieron bailar los estandartes húmedos
y los ágiles hijos atmosféricos
de la remota soledad marina,
llegó la rama
del azahar perdido, vino el viento
de la magnolia oceánica, la dulzura
del acicate azul en las caderas,
el beso de las islas sin metales,
puras como la miel desordenada,
sonoras como sábanas del cielo.



Luis Cernuda - Las islas


Recuerdo que tocamos puerto tras larga travesía, 
y dejando el navío y el muelle, por callejas 
(entre el polvo mezclados pétalos y escamas), 
llegué a la plaza, donde estaban los bazares. 
Era grande el calor, la sombra poca. 

Con el pecho desnudo iba, distraído 
como si familiares fuesen la villa y sus costumbres, 
y miré en un portal al mercader de sedas 
que desplegaba una, color de aurora, fría a los ojos, 
sintiendo sin tocarla la suavidad escurridiza. 
Ante un ciego cantor estuve largo espacio, 
único espectador, y parecía cantar para mí solo. 
Compré luego a una niña un ramo de jazmines 
amarillentos, pero en su olor ajado tuvo alivio 
la dejadez extraña que empezaba a aquejarme. 

Desanudada la faja en la cintura, 
unos muchachos que pasaban, reían, 
volviendo la cabeza. Acaso me creyeron 
Ebrio. Los ojos de uno de ellos eran 
como la noche, profundos y estrellados. 

La humedad de la piel pronto se disipaba 
por el aire ardoroso, a cuyo influjo 
mi pereza crecía. Me detuve indeciso, 
acariciando el cuerpo, sintiendo su tibieza 
lisa, como si acariciara un cuerpo ajeno. 

Seguí, por parajes nunca vistos, 
mas presentidos, igual a quien camina 
hacia cita amistosa. Deponía la tarde 
su fuerza, cuando al fin quise 
buscar reposo ante un umbral cerrado. 

Era un barrio tranquilo. Mis párpados pesaban 
(acaso dormí mucho), y al abrirlos de nuevo 
ya el sol estaba bajo en el muro de enfrente. 
Una presencia ajena pareció despertarme, 
porque al volver la cara vi una mujer, y sonreía. 

Como si de mi anhelo fuese proyección, respuesta 
ante demanda informulada, me miraba, insegura; 
aunque yo nada dije, con gesto silencioso, 
invitándome adentro, me tomó de la mano. 
La seguí, con recelo más débil que el deseo. 

La sala estaba oscura (ya caía la tarde). 
Sobre la estera había almohadas, un cestillo 
anidando manojos de magnolias mojadas, 
de excesiva fragancia. filtró la celosía 
unas palabras de la calle: «Le encontraron muerto». 

Las pensé referidas a un camarada, 
quizá presagio de mi sino. Pero ella, 
atrayéndome a sí, sobre la alfombra 
el ropaje tiró, como cuchillo sin la vaina, 
fría, dura, flexible, escurridiza. 

Mis manos en sus pechos, su cintura 
quebrarse pareció al extenderme sobre ella, 
y en el silencio circundante, al ritmo 
de los cuerpos, oí su brazalete, 
queja del ave fabulosa que escapaba. 

La oscuridad llenó la sala toda 
cuando saciado y satisfecho quise irme. 
En la puerta (ella como mi sombra me seguía), 
al cruzar su dintel, sentí que entre mis dedos 
quedaba el brazalete, ahora inerte y mudo. 

Mucho tiempo ha pasado. No aceptara 
revivir otra vez esta existencia. 
Mas no sé qué daría por sólo aquel instante 
revivirlo. Bien sé que apenas tengo con qué tiente 
al destino, ni el destino tentarse dejaría. 

Cuando el recuerdo así vuelve sobre sus huellas 
(¿no es el recuerdo la impotencia del deseo?). 
Es que a él, como a mí, la vejez vence; 
y acaso ya no tengo lo único que tuve: 
Deseo, a quien rendida la ocasión le sigue.

domingo, 4 de mayo de 2014

Las islas en la literatura


Las islas se convierten en lugares de gran interés por los escritores gracias a una de sus principales características: el aislamiento, que lleva a muchos personajes a la soledad. El mar es símbolo de muerte en muchos de los casos que provoca tempestades y naufragios y acerca al hombre a estos lugares donde todo está permitido y donde se elimina la sucesión de causa-efecto. El hombre deberá aprender a sobrevivir en esta nueva realidad, inhibiendo sus costumbres sociales y, en algún momento, rompiendo con cualquier contacto mental con su vida anterior.
En notables ocasiones se utilizan las islas como espacios para configurar realidades paralelas al resto del mundo a través de la magia y la fantasía. El mar, en estos casos, anula el paso del tiempo y actúa como frontera con la realidad. La condición de supra-naturalidad asocia a la isla el mito de la utopía: espacios de abundancia, de juventud eterna y de disfrute, verdaderos paraísos de la naturaleza.
Así pues encontramos dos concepciones principales sobre las islas:
1.      Espacio de cortas posibilidades que obliga al hombre a organizar sus prioridades para sobrevivir.
2.      Mundo de fantasía y de aventura.

LOS VIAJES DE GULLIVER

Laputa es un lugar ficticio descrito en el libro Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Se la describe una isla con base de diamante, que flota en los aires por medio de un gigantesco imán de fuerza prodigiosa, inserto en su centro. 'Por medio de esta piedra imán puede hacerse que la isla suba o baje y se mueva de un lado a otro; pues dentro de los límites de aquella parte de la tierra sobre la que reina este monarca, la piedra posee una fuerza de atracción en uno de los extremos y otra de repulsión en el otro. Poniendo el imán vertical con el polo de atracción hacia la tierra, la isla desciende; pero cuando el polo de repulsión apunta hacia abajo, la isla sube en vertical.




 El aislamiento se pone de manifiesto a través del sistema de imán de la isla que utiliza su rey como forma de represión hacia sus habitantes. En caso de revuelta o motín, el castigo más leve consiste en mantener la isla sobre la ciudad rebelde y sus aledaños, privándola del sol y la lluvia y causando escasez y enfermedades. Si el delito así lo merece, se pueden arrojar grandes piedras desde arriba. No hay entonces tejado ni refugio que valgan. 'Pero si a pesar de eso continúan en su obstinación o intentan sublevarse, recurre él al último remedio: hace que la isla caiga encima, lo cual ocasiona la total destrucción de edificios y personas'



PETER PAN
El País de Nunca Jamás en “la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer” - es una isla de ficticia descrita en la novela fantástica de J. M. Barrie, Peter Pan.
Nunca Jamás es un país imaginario donde los niños no crecen, nunca se convierten en adultos y las aventuras están aseguradas. En este lugar viven los niños perdidos, liderados por el intrépido Peter Pan. La población de dicho país agrupa también a temibles piratas como el Capitán Garfio e indios salvajes.





 ROBINSON CRUSOE
En Robinson Crusoe, la isla desierta pondrá a prueba las convenciones sobre el estado natural del hombre. El inconsciente es el mecanismo que hace emerger la auténtica identidad de los personajes. El hombre debe conseguir reconstruir su ambiente civilizado en un contexto completamente diferente. Su condición urbanita y social, que le vincula con su antiguo mundo, es anulada a favor de su adaptación al nuevo mundo.





 ODISEA
La isla adquiere un significado femenino en la Odisea asociado a ideas de virginidad, tesoros y cuevas. A través del rudo mar se conquista o se naufraga en islas donde son las mujeres (Circe y Calipso) las que cautivan y manipulan a Ulises. Se utilizará además la magia y este espacio sin salida para retener a Ulises.

Por otra parte, Ítaca es el hogar de Ulises, la isla cobra el valor de objetivo que el héroe desea alcanzar. Esta concepción de la isla es contraria a la habitual puesto que la isla se convierte en el lugar deseado de regreso y no en la cárcel que impide al protagonista regresar a casa.


LA ISLA DEL TESORO

La isla del tesoro es una novela de aventuras escrita por Robert Louis Stevenson que cuenta las peripecias de Jim Hawkins para encontrar un tesoro escondido en una isla. Aquí el espacio se convierte en una tierra llena de promesas si el protagonista acepta el reto que propone su geografía y también los personajes que la habitan.

















viernes, 2 de mayo de 2014

La isla de San Simón y la literatura



Sedia-m' eu na ermida de San Simión
e cercaron-mi-as ondas que grandes son.
Eu atendend´o meu amigu'! E verrá?

Estando na ermida, ant' o altar,
cercaron-mi-as ondas grandes do mar.
Eu atenden[d´o meu amigu'! E verrá?]

E cercaron-mi-as ondas que grandes son:
non ei [i] barqueiro nen remador.
Eu [atendend´o meu amigu'! E verrá?]

E cercaron-mi-as ondas do alto mar:
non ei [i] barqueiro ne sei remar.
Eu aten[dend´o meu amigu'! E verrá?]

Non ei i barqueiro nen remador:
morrerei “eu”, fremosa, no mar maior.
Eu aten[dend´o meu amigu'! E verrá?]

Non ei [i] barqueiro nen sei remar:
morrerei eu, fremosa no alto mar.
Eu [atendend´o meu amigu'! E verrá?]


Esta isla fue y es una gran fuente de inspiración literaria. Numerosos autores sitúan sus obras en ella.  El primer autor en sufrir esta influencia fue Meendinho, trovador de la corte, que sitúa su cantiga de amigo en la ermita San Simón. A partir de este punto, la isla cobrará mucha importancia en otros autores como Agustín Fernández Paz, Manuel Rivas, Antón Reixa, Rexina Vega, Julio Verne...

San Simón es un archipiélago situado en la ría de Vigo, perteneciente a la localidad de Cesantes, Redondela. Este archipiélago esta formado por dos islas, San Simón y San Antón, unidas por un puente. A lo largo de la historia esta isla tuvo numerosas funciones, en la Edad Media como monasterio, tal y como podemos ver en la cantiga de Meendinho. A partir del siglo XI encontramos la presencia del hombre, en concreto por templarios ya que había un monasterio de esta orden. Este monasterio pudo verse afectado por los ataques de las tropas de Almanzor en el año 977, así como también por lo vikingos unos años más tarde.
Hasta el siglo XVIII San Simón, será testigo de un gran actividad monástica, protagonizada por diversas comunidades religiosas, que encuentran en este alejado lugar un espacio de espiritualidad y retiro. Entre estas comunidades destaca la de los templarios que permanecerán en la isla más de seis décadas, aún hoy pueden verse dos conventos en la isla que fueron refugio no sólo para los monjes pacíficos, sino también para algunos marineros que al verse en situaciones comprometidas con sus embarcaciones (atracos, el tiempo...) se quedaban en este convento.



Durante la Edad Media, San Simón y toda la ría de Vigo fueron fuente de inspiración de los principales trovadores de la época. Destacamos la cantiga de amigo de Meendinho ambientada en la isla, esta es considerada una de las joyas más importantes de la lírica gallego-portuguesa del siglo XIII. Habla de la desesperación de una mujer que aguarda a su amado y este no da llegado.
Quizá fueran sus condiciones óptimas naturales o su proximidad a la ciudad de Vigo los factores que motivaron que la isla fuera testigo de numerosos acontecimientos violentos provocados por conflictos territoriales y incursiones armadas, que desembocarían finalmente en la búsqueda de la tranquilidad por parte de los monjes.
Uno de los episodios más sangrientos tuvo lugar en 1589 cuando Francis Drake atacó diversos puntos de la costa gallega en las que la isla también se vería involucrada. De hecho, algunas de las crónicas de la época apuntan a que los últimos ocupantes del convento fueron asesinados por el caballero de la reina Isabel I de Inglaterra pero considerado un pirata por la corona española. Apenas pasara un año de la derrota de la Armada Invencible, cuando Inglaterra aprovechó que los barcos españoles no estaban en buenas condiciones para saquear las costas gallegas y aprovechar la insurrección portuguesa contra Felipe II de España. Tras atacar A Coruña y fracasar, el vencido Francis Drake arrasó sin piedad Vigo y por extensión, la isla de San Simón.
El archipiélago también se vio involucrado en 1702 en la batalla de Rando, cuando una flota armada anglo-holandesa atacó a las naves españolas y francesas al lado de San Simón, en plena Guerra de la Sucesión. Los galeones españoles cargados con un gran tesoro procedente de América, entraban en la ría de Vigo, cuando fueron atacados por estos. Finalmente los anglo-holandeses atacaron a os barcos franceses que estaban cubriendo a los barcos españoles. Los españoles consiguieron luchar contra los navíos enemigos y vencer aunque parte del tesoro se hundió, lo que dio pie a una leyenda acerca de este. Antes de abandonar tierras gallegas, los ingleses saquearon la isla de San Simón, y quemaron la iglesia.
El mito de que el tesoro sigue en el fondo de la ría viguesa atrajo a Julio Verne, que maravillado por esto hizo que el capitán Nemo en “Veinte mil leguas de viaje submarino” se perdiera en el fondo del mar en la batalla de Rande.

La isla de San Simón vivió un período de reposo ata la llegada de las enfermedades infecciosas que se expandieron por Europa en pleno comercio exterior con Asia, América y África. Estas epidemias mortales obligaron a crear una estación de cuarentena aislado de la población para evitar contagios. El 1 de junio de 1838, se inaugura el lazareto marítimo de San Simón, no sólo como centro sanitario sino también para el control de infecciones de los tripulantes de los barcos procedentes del exterior con destino a los puertos de Galicia.
Cada isla tuvo una función, la de San Antón acogía a los enfermos irrecuperables, sin ya cura, mientras que en San Simón se realizaban los controles a los navíos. Estas dos islas estaban comunicadas por un puente con dos portalones por donde sólo podían pasar los enfermos terminales y  las monjas que los cuidaban. Como todos los barcos tenían que pasar por el lazareto permitía que Vigo expandiese su puerto, llegando a convertirse en el principal puerto de la costa atlántico española. Gracias a los avances médicos, en 1927 se cerró el lazareto y San Simón pasaría a convertirse en un centro de reposo.






Tras el cierre del lazareto se realizaron numerosas propuestas para la reutilización de las instalaciones, pero con la llegada de la Guerra Civil española, estas se vieron paralizadas. Durante los años 1936 y 1943, la isla desempeñaría la función de cárcel, albergando a los presos políticos de Galicia y de otras partes de España. San Simón fue destinada como prisión, mientras que San Antón como cuartel de los soldados que custodiaban la cárcel. Una vez finalizada la guerra la cárcel se cerró y se habilitó como residencia temporal para los miembros de la guardia de Franco.
La isla volvería a ser testigo de una nueva tragedia en el año 1950,  sufriendo el naufragio de la lancha “A Monchita” que provocó la muerte de 43 miembros de la Guardia de Franco, lo que supuso la clausura definitiva del albergue. La isla estuvo deshabitada durante bastantes años, hasta que en 1999 fue declarada Bien de interés cultural y comenzó su reconstrucción de los edificios y de los parques. La recuperación se dirigió hacia una función cultural contando con auditorio, biblioteca, escuela de mar, hotel, y restaurante.

SAN SIMÓN Y LA LITERATURA

En la obra “Noite de voraces sombras” (noche de voraces sombras) de Agustín Fernández Paz, podemos ver referencias a la isla. Es una obra ambientada en la postguerra, donde la protagonista Sara, encuentra unas cartas de su tío Moncho, un antiguo profesor republicano, víctima de las represalias del franquismo. Este, fue encarcelado en numerosas cárceles, una de ellas la de la isla de San Simón. En estas cartas se cuenta una historia de amor entre Moncho y Sara Salgueiro, amada del tío también victima de las persecuciones, se describe en ellas el sufrimiento de los presos en la isla, el trabajo de Moncho  de hacer resurgir la cultura gallega...
La Isla en esta ocasión permite adentrarnos en la vida de un preso, en sus reflexiones, en su miedos... Un papel muy común en la historia de la literatura gallega.



Manuel Rivas, en el “O Lápis do carpinteiro” (El lápiz del carpintero) cuenta la historia de un médico socialista, Daniel Da Barca, que es trasladado a la isla de San Simón, después de estar en el sanatorio de Porta Coeli (Valencia), durante el viaje a la isla, se casa con Marisa y pasa lo noche de bodas con ella, pero al día siguiente finalmente regresa a San Simón donde sufre las frustraciones y represalias de la época. Esta novela fue llevada al cine por Antón Reixa. En este caso, la isla sirvió como escenario para el rodaje.




Otro autor que hace referencia a la isla de San Simón en su obra es Antón Reixa, en el poema “Contrabando de amigo” del libro Viva Galicia Beibe. Este poema es una parodia de la cantiga de amigo de Meendinho, en este la enamorada del trovador sigue “atendendo o meu amigo” (esperando al amigo) en la isla de San Simón mientras el enamorado presuntamente estaba en una marea en el Gran Sol. En el poema de Antón Reixa, el amigo no estaba en las tierras irlandesas, sino que como mucha gente de la ría que sufre la reconversion de la pesca estaba con “contrabando do tabaco e de drogas de drogar” (contrabando de tabaco y de drogas de drogar).

Sentada estou na illa de San Simón
esperando, meu amigo, ai que volvas do Gran Sol
e pola ponte de Rande van e veñen sen parar
moitos coches, meu amigo, que non veñen do Gran Sol.

Esta obra fue musicada por Na lúa, un grupo de las Rías Bajas. Na Lua – Contrabando De Amigo.

El auditorio de la isla de San Simón  también acogió la presentación del concierto Cores do Atlántico, con el que se pretendía mostrar el trabajo divulgativo-musical sobre las cantigas de amigo realizado por la catedrática holandesa Ria Lemaire Mertens y la cantautora brasileña Socorro Lira.
En este concierto se pudo contar con voces de numerosas partes del mundo, como Socorro Lira, Uxía, Eneida Marta, Margareth Meneses, Tereza Paiva y João Afonso, que interpretaron las composicones incluidas en el libro-disco, que ha editado PAI Música y la asociación Ponte nas Ondas. En este disco se mezcla la tradición de las cantigas de amigo con las composiciones contemporáneas que acompañan las letras.
El proyecto se ha editado en formato libro-cedé, en gallego, a través de la asociación Ponte nas Ondas! y PAI Música, para España y Portugal. Ria Lemaire, especialista en literatura medieval y profesora de la Universidad de Poitiers, ha escrito el libro como un trabajo de divulgación sobre las cantigas de amigo galego-portuguesas, como primeras muestras del patrimonio cultural galegoportugués, que nos llegaron por vía culta los primitivos cantos de mujeres.




domingo, 20 de abril de 2014

La isla como espacio en las obras filosóficas


Las islas son lugares aislados, de difícil acceso, con unos límites concretos más allá de las posibles fronteras que quiera colocar el ser humano. Por ello, muchos filósofos las han utilizado a lo largo del tiempo como el espacio ideal para localizar sociedades ficticias en las que desarrollar sus teorías políticas.


 El primer ejemplo de esto que encontramos en la historia sería el de Platón, que ya había expuesto sus ideas sobre una sociedad ideal en La República. Pero lo interesante en este caso es la descripción que hace, en sus Diálogos Critias y Timeo, de la Atlántida, una isla que según este autor se habría localizado “delante de las Columnas de Hércules”. Lo más curioso de esta isla, que ha desatado la imaginación de muchos autores a lo largo del tiempo, especialmente a partir del Romanticismo, es el hecho de que en la actualidad no hay vestigio alguno de su existencia. Esto ha dado pie a numerosas obras literarias, musicales y cinematográficas, y también a diversas investigaciones en búsqueda de sus restos submarinos. Se han realizado distintos descubrimientos en diferentes partes del globo que han llevado a defender que se han encontrado estos restos. Un ejemplo de esto sería la defensa que hace un equipo internacional de investigadores respaldado por National Geographic de que la ciudad perdida estuvo al noroeste de Cádiz y fue sepultada por un tsunami.
Foto aérea de la supuesta Atlántida encontrada en Cádiz
También se han popularizado diversas teorías sobre la situación de la Atlántida en la que esta se identificaría con Tartessos, una antigua civilización localizada en el suroeste de Andalucía y de la cual apenas se tienen datos. Esta teoría fue defendida principalmente por el arqueólogo alemán Adolf Schulten. Otras hipótesis sobre la Atlántida la sitúan en Bolivia, la isla de Malta, el mar de Azov, el Próximo Oriente, el norte de África, Irlanda, Indonesia y en la Antártida. Incluso se han llevado a cabo congresos sobre el tema.

A pesar de todo, no ha habido, de momento, ninguna investigación que haya logrado asegurar la localización de la isla descrita por Platón. De hecho, hoy se sabe que el relato presenta anacronismos y datos imposibles, lo que descartaría su verosimilitud literal. Con todo, se admite la posibilidad de que el mito haya sido inspirado en un fondo de realidad histórica vinculado a alguna catástrofe natural.

Esta catástrofe natural era descrita por Platón como un violento terremoto y un gran diluvio, que, “en un solo día y una noche terribles”, habrían logrado sepultar la isla bajo el mar. Sin embargo, antes de que esto ocurriera, Platón asegura que, 9000 años antes de la época del legislador ateniense Solón (c. 638 a. C.–558 a. C.), la Atlántida era "más grande que Libia y Asia juntas", y contaba con el favor del dios Poseidón, por lo que tenía abundantes recursos.
Representación de la Atlántida según lo descrito por Platón
Estaba dividida en diez reinos, que formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón. Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas. Las ideas de Justicia y Bien eran propias de la sociedad atlante, como proponía Platón que debía ocurrir en una sociedad perfecta. Sin embargo, los monarcas de la Atlántida fueron volviéndose cada vez más soberbios, comenzando una política expansiva con la que conquistaron gran parte de Europa y del norte de África. Sin embargo, no lograron expandirse por Grecia ni Egipto, ya que entonces fueron derrotados por una hipotética Atenas prehelénica. Como castigo por su soberbia, los dioses decidieron enviar la catástrofe natural que antes mencionábamos.

Otro libro que describe una isla en la línea de la Atlántida de Platón es De optimo rei publicae statu deque nova insula Utopia  (Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), del filósofo y político inglés Tomás Moro. De hecho, la concepción de utopía que tenemos en la actualidad proviene del uso del término que realizó este autor en su obra a finales del siglo XV, puesto que en realidad, esta palabra proviene del griego y tiene el significado de, simplemente, “no lugar”. En este sentido hay que señalar que la isla de Tomás Moro es claramente una ficción del autor y no hay dudas sobre su posible existencia, como ocurre con la Atlántida.

La isla de Utopía, de origen artificial, estaba habitada por una sociedad perfecta en la que Moro introdujo conceptos realmente innovadores para su tiempo. De hecho, sus ideas rompedoras y su desacuerdo con la decisión del rey Enrique VIII de escindir la Iglesia le llevaron a ser encarcelado y posteriormente decapitado. Este libro se puede considerar como el primero, con permiso de La República de Platón, que habla de forma abierta de una sociedad comunista. En la sociedad utópica no existe la propiedad privada, y la igualdad tiene un papel muy importante. Así, todas las personas tienen derecho a una casa y a ropa, que serán para todos iguales, y todos han de trabajar el campo, aunque luego dediquen tiempo a la actividad para la que se han formado. La isla está gobernada por una democracia en la que, no obstante, el puesto de príncipe es vitalicio a no ser que se demuestre que es un tirano.
Mapa de Utopía

También se plasman conceptos como  la eutanasia, el divorcio o la libertad de religión. Esto sorprende mucho viniendo de un hombre fuertemente ligado con la Iglesia católica, la cual ni siquiera en la actualidad acepta algunas de estas consideraciones. Sólo se puede percibir algo su ligazón a la Iglesia en el hecho de que, en Utopía, se desconfía de los ateos ya que, al no creer en nada después de la muerte, el miedo al castigo eterno no evita que incumplan las normas de la comunidad. Aun así, la historia no ha dejado claro si Tomás Moro realmente pensaba esto, o simplemente pretendía ser una sátira de la nueva sociedad llevada al extremo.

En cualquier caso, la Utopía ha servido de inspiración para teorías políticas posteriores, así como para ficciones utópicas o distópicas, aunque no todas ambientadas en islas, claro. De todas formas, con este pequeño análisis de estas dos obras queda claro que la isla es un espacio idóneo para experimentar formas políticas nuevas, como intentó Platón, sin éxito, en la isla de Siracusa.